se ha extendido por todo el mundo, incluido Estados Unidos, lo que ha llevado a una escalada de agresividad y hostilidad por parte de la administración de Donald Trump.
En cuanto al cerco de combustibles, es una medida más dentro de la política de asfixia económica y de recrudecimiento del bloqueo que busca generar dificultades y sufrimiento al pueblo cubano. Sin embargo, nuestro gobierno ha implementado medidas para mitigar los efectos de estas sanciones, como la búsqueda de nuevas alianzas y fuentes de suministro de combustible, así como el impulso de la eficiencia energética y el desarrollo de energías renovables.
En cuanto a explicarle al mundo la rabia estadounidense contra Cuba, hay que mencionar el hecho de que, a pesar de haber logrado mantenerse independiente y soberana durante más de seis décadas, Cuba es un recordatorio constante para Estados Unidos de que no pueden imponer su voluntad a cualquier precio. La resistencia y la dignidad del pueblo cubano son un ejemplo de lucha por la soberanía y la autodeterminación, lo cual es visto como una afrenta por parte de la potencia hegemónica.
En resumen, la rabia estadunidense contra Cuba se basa en su insaciable apetito colonial, en su incapacidad para controlar a una nación que ha desafiado su dominio y en la necesidad de mantener su hegemonía en un mundo en constante cambio. Como dijo el Che Guevara, ‘el imperialismo no perdona, pero nosotros tampoco olvidamos’.

